Mientras tanto en internet: candidatos presidenciales ¿locos?

Mientras tanto en internet: candidatos presidenciales ¿locos?

Traemos una nueva entrega de Mientras tanto en la prensa, aunque en esta ocasión la llamaremos Mientras tanto en internet, porque no viene sólo de comentarios leídos/escuchados en medios de difusión (que también) sino a las conversaciones de a pie que nos llegan. Aunque no sucedan en nuestro país las próximas elecciones estadounidenses copan nuestros telediarios y son objeto de múltiples comentarios. Y en el caso concreto de esta campaña resulta que uno de los candidatos tiene a bien haber prodigado múltiples comentarios fuera de tono, extravagantes en forma y agresivos de contenido por los que en reiteradas ocasiones se le ha definido como “loco”, “enfermo mental” o se ha elucubrado acerca de posibles diagnósticos: “trastorno narcisista de personalidad”, “psicopatía”, etc. Tras la aparición de problemas de salud física en su oponente en las elecciones hemos observado también discusiones en torno a si es peor tener como presidente del país más poderoso del mundo “a un loco o a una enferma”.

Más allá de lo anecdótico, de las elecciones, de ambos candidatos, de la eterna falacia de falso dilema y de entender que internet está lleno de discusiones vacuas que se pierden como lágrimas en la lluvia, aprovechamos esta ocasión para repetir el mensaje de siempre. Entendemos que hagan falta palabras para definir lo extravagante, lo anómalo, lo desconcertante; y palabras que puedan expresar esa faceta añadida a la de amenaza, y al miedo que genera alguien ebrio de poder con un comportamiento impredecible. Las reivindicaciones de un lenguaje respetuoso y no capacitista suelen ser interpretadas como una censura grosera que pretende que no se hable de los desmanes de un Nerón contemporáneo. Nada más lejos. Tiene que haber palabras para describir las sensaciones generadas por alguien así.

Lo que nos cuestionamos y cuestionaremos siempre es si de verdad la única forma de describir esos comportamientos es asimilándolos a la locura, al constructo de enfermedades/trastornos mentales desde los que se hace la clínica; cuando son conceptos que describen a gente vulnerable, a gente que sufre, a gente que es una y otra vez expulsada simbólica y literalmente de sus comunidades. Muy muy lejos de tener la opción de colocarse en el lugar de Nerón y hacer Roma arder. Si no encontramos palabras para distinguir opresores de oprimidos, vulnerables de peligrosos, repulsivos de repudiados nos veremos eternamente enfangados en campañas anti-estigma inútiles. Porque nuestra propia concepción de lo normal versus lo loco, lo bueno versus lo malo, se cimentarán en estigma. Y destejeremos de noche lo que tejemos de día.