La Junta de la AEN-PSM ante la sentencia del Juzgado de Pontevedra en apoyo de Víctor Pedreira y más

La Junta de la AEN-PSM ante la sentencia del Juzgado de Pontevedra en apoyo de Víctor Pedreira y más

Desde la Junta de la AEN-PSM queremos unirnos a la satisfacción general por la sentencia del Juzgado de lo Contencioso Administrativo de Pontevedra favorable a nuestro compañero y socio el Dr. Víctor Pedreira.
Merece ser celebrada, en primer lugar,  por el reconocimiento al tesón de Víctor Pedreira. Un empeño que no se dirige tanto a la reposición de sus méritos, que no necesitan ser convalidados por nadie, sino a no dejar impune la vergonzante actuación de algunos miembros del tribunal. La sentencia ofrece una excelente descripción de los entresijos ilegales de la adjudicación fallida. Transciende la espesa prosa jurídica para convertirse en un testimonio acusatorio de determinadas personas y determinadas prácticas.
Es particularmente preocupante, además, porque la comisiones evaluadoras están compuestas por representantes de diferentes entidades e instituciones. Estas también resultan empañadas.
Con la misma firmeza reafirmamos nuestro compromiso de no participar en estas prácticas que denunciamos.
Por eso es inmenso el agradecimiento al empeño de Víctor Pedreira en sacar adelante su denuncia cargado no solo de razones sino de tenacidad. Su Víctoria ha de ser también un nuevo “Nunca máis” que sacuda esa extendida forma de corrupción que se practica, como acertadamente comenta el comunicado de la AGSM, en el acceso a los cargos de responsabilidad en los equipos y en otras muchas plazas de la función pública.
El ejemplo de Víctor nos obliga a reflexionar sobre cómo queremos que se diluciden estas cuestiones. Hemos de ser capaces de armar una estrategia para que el poder de la ciudadanía (y de los ciudadanos y ciudadanas que son profesionales) sea el decisivo; en el que la capacidad, el mérito y la experiencia lo sean en la medida en que sirven a los intereses de esa ciudadanía y no de las diferentes corporaciones que conforman los tribunales, alejadas de su originaria representatividad.
Porque, incluso cuando se hacen las cosas bien, sin la tosca manipulación que manifiesta la sentencia, aparecen problemas. Muchos proyectos innovadores se quedan detenidos en los líos administrativos, baremos, “perfiles” y  otros manejos que acaban situando a profesionales valiosos en lugares inadecuados. Hay equilibrios imposibles de derechos que han desarbolado muchos equipos. Todo esto con la  sonrisa compasiva del sector privado que presume de su mayor eficacia en la selección de personal, siempre más fácil cuando los criterios de eficacia son mercantilistas.
La tarea es compleja y va unida a la crisis del sistema de representación de nuestra democracia. La captura del poder por los detentadores del poder y su alejamiento de la ciudadanía es un tema cada vez más presente. Y, junto a ellos, los temores a que otras formas de representación no vayan a ser peores. Pero hay que irlo pensando.
Democraticemos los equipos de salud mental, incluyamos a las personas usuarias y a sus familiares en la toma de decisiones y volvamos a pensar los consejos de salud que se quedaron perdidos  o se burocratizaron en las buenas intenciones de la reforma sanitaria. Y apostemos inequívocamente por la transparencia de las organizaciones. Es la mejor aliada contra la corrupción.
Uff, Víctor, cuanta faena nos da esta sentencia