Sección de Psicoanálisis

El psicoanálisis en la escena social o la integración del psicoanálisis en la sociedad de nuestro tiempo

(Presentación de las IX Jornadas de la Sección de Psicoanálisis de la AEN)

Existe una tendencia tradicional de los psicoanalistas al aislamiento y trabajo individualizado en sus consultas privadas. En relación a su formación y su pertenencia a los grupos e instituciones con una determinada epistemología concreta de adopción.

Esta posición no tendría que ser incompatible con la apertura del psicoanalista al diálogo e intercambio con otras corrientes psicoanalíticas y obviamente hacia otros campos del saber.

Por otra parte, consideramos necesaria la participación del psicoanalista en las vicisitudes de la política social y la política del psicoanálisis. No en vano Lacan estableció que el inconsciente es la política, en el sentido fundamental en que la política como expresión teórico-práctica del lazo social forma parte del discurso del amo. Frente al que el psicoanálisis ha de tomar una posición comprometida, no sólo en el abordaje del sujeto singular en el dispositivo de escucha de las vicisitudes del deseo, sino tratando de tomar la palabra en los diversos frentes institucionales como son la ciencia, la literatura, la salud mental, la política y en general los diversos campos de manifestación de la cultura, para subvertir la intoxicación imaginaria del orden social y desvelar la dimensión de lo real subyacente a los síntomas sociales.

Tambien hay que tener en cuenta la incarceración sobre sí mismos de los psicoanalistas en el concepto abusivo de la extraterritorialidad del psicoanálisis, como coartada para el desistimiento frente a la alianza plurinstitucional y multiprofesional necesaria para sostener la causa del psicoanálisis integrado en las redes de recursos sociales y asistenciales.

En el proceso progresivo de mercantilización de la sociedad de nuestro tiempo, hay en paralelo la producción de restos, de desechos, de escoria. Y no sólo en los programas de la industrialización de los objetos de la técnica, sino en los ejércitos de consumidores de esos objetos en los que el sujeto deviene, por efecto del poder del amo investido por la ciencia-técnica del capitalismo lujuriante, un objeto más como consumidor-consumido, listo para padecer y mostrar la nueva genealogía de los síntomas contemporáneos. Frente a las demandas ahogadas de estos sujetos objetalizados por la oferta psico-farmacológica de la felicidad restituible con urgencia, el psicoanálisis ha de apostar por la inserción social de sus fundamentos y de sus prácticas de reinstitución subjetiva y de rehabilitación de los vínculos sociales.

 

El psicoanálisis:Un discurso complementario e inverso del discurso del Amo o discurso del inconsciente

Si el psicoanálisis trata el núcleo de verdad que anida en lo real del ser del sujeto, necesariamente ha de ser un discurso complementario aunque inverso de los discursos que regulan el lazo social. Es decir, el discurso de la política que trata de anular la singularidad del sujeto en una trama de imperativos que constituyen el “imperio de la ley” y la obediencia al aparato del Estado del pacto y del consenso.

El psicoanálisis en los Estados totalitarios deviene prohibido por su cuestionamiento del poder autocrático y la impugnación de sus leyes e ideales. Y en los Estados democráticos, el sistema acoge al psicoanálisis a pesar que éste conculca, así mismo, las seguridades y principios emanados de su poder. Hay que tener en cuenta que el superyó en cualquier forma de estado, siempre exige más renuncia pulsional cuanto más promueve el goce de la pulsión de muerte.

El psicoanálisis, se quiera o no, viene con su oferta y dispositivo, a liberar al hombre de los vínculos, valores e ideales que lo esclavizan; aunque esté condenado a convivir  en el guetto humano, sometido a las instancias de las clases dirigentes y aceptar las reglas de convivencia y los mandatos de la política en todas sus variables, fundamentalmente los mandatos y normas del proyecto político del “Estado democrático” a su turno en el poder.

 

De lo que se desprende: La ética del psicoanálisis versus la ética social.

La ética analítica queda incluida en la ética política. Sin embargo la ética del desocultamiento del deseo particular de cada sujeto es el reverso de la ética del deber que obliga a cada ciudadano por igual. Pero su intersección no es incompatible con que ambas dimensiones se desplieguen de forma autónoma en la escena social, sea en el abordaje de la comunidad o en las prácticas del sujeto en las que el sujeto en un psicoanálisis alcance un nivel de mayor libertad en las restricciones que imponen las leyes de la comunidad.

Por estas razones el psicoanálisis ha de ser el complemento discursivo, oculto y desvelable de los discursos que sostienen a la sociedad y a la cultura, la ciencia, el arte, la religión, etc.

 

Estructura de soporte paradojal del psicoanálisis en la trama social.

El psicoanálisis en la sociedad de nuestro tiempo está avocado a superar una contradicción fundamental que se puede establecer de la siguiente manera:

-         Si por un lado, ante una supuesta progresión en la conquista de las libertades democráticas en los países de capitalismo avanzado; el psicoanálisis subyace en una propuesta de alcanzar la libertad primera, que es la reconfiguración en el sujeto analítico de la naturaleza de sus lazos sociales valores e ideales esclavizantes, liberando su deseo y el control de la satisfacción pulsional del sujeto que optó por la pregunta por la causa;

-         Por otro lado o en otro nivel, en el desarrollo lujuriante de objetos y programas de satisfacción pulsional en las sociedades democráticas, por el avance del discurso de la ciencia y la proliferación del desarrollo de la técnica; se va instalando progresivamente la convocatoria social y política al pleno disfrute y goce sin límites de las pulsiones en sus diversas manifestaciones, incluyendo al final del proceso la precipitación del sujeto en las distintas versiones y formas de la pulsión de muerte.

Si el Estado Gestor del bienestar social, promueve la satisfacción plena de la pulsión, es decir, el Estado promotor de los bienes y de la felicidad con sus diversos agentes políticos, ideológicos, industriales, mediáticos, etc.; los miembros de esta sociedad serán rehenes del intento de alcanzar estos niveles de goce. Por lo que difícilmente llegarán a subjetivar el malestar que los confunden respecto a la causa oculta de sus síntomas. Tendrán “ prète a porter “ los instrumentos para albergar en su fantasía que la satisfacción no tienen límites y sus demandas a la instancia del saber sobre la naturaleza y condiciones del desarrollo de su ser, no tendrá destinatario. El sujeto se hundirá progresivamente en un vértigo de goce autístico.

Si bien el permanente retorno y presencia de lo Real en la existencia del sujeto, reiniciará continuamente el circuito de su sufrimiento y su demanda al Otro del saber; aunque el superyó le envíe a buscar al infinito, más y más, el rebasamiento de los límites, ya que la sociedad industrial le impone una plena satisfacción de la pulsión y un despliegue insaciable del deseo irreconocible.

Es decir, en definitiva, el psicoanálisis se enfrentará a lo real que subyace en los síntomas y al malestar que sostiene al sujeto en un sufrimiento y frustración irreductibles que implicará la imposibilidad del goce total. Por ello el psicoanálisis será un complemento necesario en el desarrollo social, para abordar los efectos catastróficos que en la subjetividad opera el proyecto del placer sin límites de las democracias capitalistas.

Pero a su vez, el programa de satisfacción sin medida de los estados     democráticos tardocapitalistas, subsumen al sujeto en un empuje imparable a la obtención de goce por los medios que le ofertan, obstaculizando a sus miembros componentes a que asuman la demanda de esclarecimiento sobre la causa de su deseo, padecimiento y mortificación.

Por lo tanto, esta situación paradójica que el psicoanálisis sufre en la sociedad de nuestro tiempo, ha de ser asumida por los psicoanalistas comprometidos con la ética que implica su acto; que no es más, que traspasar los brillos  de las ofertas imaginarias de la clase en el poder y su consentimiento social; y confrontarse al vacío real que causa el discurso del sujeto singular deseante. Pero además no deberá ni podrá renunciar a su condición de ciudadano inmerso en los vínculos sociales y en la política que los gobierna. Por lo que no le queda otra vía, si quiere hacer valer el discurso analítico en la escena social, que intervenir en cualquiera de los eventos que la cultura genera subvirtiendo el estado de complacencia que trata de encubrir lo real imposible de domesticar, como intentan las Terapias cognitivo-comportamentales.

.

En conclusión:

-         El psicoanalista deberá recrear su relación dialéctica con el mundo.

-         El analista en su práctica clínica se retrotrae del discurso hablado en el lazo social, al silencio de la escucha en la intimidad del dispositivo analítico en la cura. Otra forma de discurso sin palabras y otra forma de vínculo social.

-         Pero ahora en el tiempo que se avecina, ha de volver a conectar su decir y su pensamiento con la sociedad contemporánea, para subvertir la esencia de la verdad oculta en los discursos de complacencia (ciencia, política, arte, religión, etc.)

-         La pregunta es:¿Cómo, adonde, de que manera?:

Pues en los espacios por donde circulan las demandas de curación y las   promesas de felicidad y emancipación, en las redes de servicios de     Salud Mental, en las instituciones educativas, en los dispositivos             asistenciales de “apoyo” a las deficiencias del sujeto (Hospitales de Dia,    Casas a medio camino, Residencias asistidas, etc.), Pero también en los    frentes donde se desencadenan los discursos sociales, culturales y    políticos (asociaciones vecinales, eventos culturales, partidos políticos,           movimientos sindicales y sociales feministas, ecologistas, etc.)

Esta posición del analista y estos objetivos del psicoanálisis intentan responder al título de estas Jornadas.

 

 

 

 

E. Rivas P.

Madrid, octubre de 2006

 

 

 

 

 

 

 


La situación actual del psicoanálisis y el proyecto de inserción y trabajo en los distintos campos de la escena social.

(Su repercusión en la sección de psicoanálisis de la AEN)

1-Existe un retroceso general en la sociedad actual respecto a la comprensión en torno a los conflictos que hacen sufrir al ser-diciente.

2-Existe una involución global a nivel planetario del desarrollo del pensamiento, sobre la subjetividad y sus condicionamientos sintomáticos, en el horizonte de un repliegue generalizado a los intereses del capitalismo tardío y la oferta industrial de recursos de obtención de “la felicidad”.

3-Existe un desarrollo incontrolado de la tecno-ciencia que ha dado lugar a la sociedad del consumo, a la promoción de los ejércitos de consumidores-consumidos por la sociedad del espectáculo y por el dominio de los mass-media y la rendición de los ciudadanos al ocultamiento de la verdad que constituye su sufrimiento.

En este imperio de la insatisfacción ocultada por la aspiración al goce sin límites, con su correlato del aumento exponencial de las patologías subjetivas y sus abordajes sanitarios, solo tienen predicamento las terapias de restablecimiento del yo y de la aniquilación a toda costa de los síntomas. Compromiso establecido y asumido por las instituciones de salud mental. Saldo en el discurso sanitario, de la evolución de la sociedad en la época del liberalismo económico, positivismo científico y del pragmatismo utilitarista del capitalismo en la época de la globalización, en su fase histórica más degradante y destructiva de los vínculos sociales.

El discurso analítico sin embargo se ocupa a despecho de este panorama, de lo que no anda bien en el ser que dice sufrir. Se ocupa de aquello que oculta y encubre el aparato yoico, trata de lo inservible, de los restos de la operación de la lengua en la constitución del sujeto, de la pulsión, de la castración, de la verdad que parasita al hombre por el hecho de existir, de que no es posible la satisfacción plena de la pulsión. El psicoanálisis se compromete con las vicisitudes del deseo en su manifestación neurótica insatisfecha, imposible, prevenida y en la psicosis aniquilada.

Por esta condición ética que subvierte los valores y los ideales sociales, el psicoanálisis estuvo a lo largo de la historia rechazado de los círculos culturales y científicos en la sociedad moderna y postmoderna y en consecuencia tuvo que retrotraerse en los gabinetes privados de los analistas.

A su vez, las distintas escuelas psicoanalíticas continuaron atrincheradas en sus discursos herméticos y cerrados al diálogo con otras plataformas de las estrategias de abordaje de la patología psíquica y entre sus propios grupos escindidos dentro de la ciudad psicoanalítica.

En consecuencia, la Sección de psicoanálisis, vinculada a una sociedad "científica", sufre de hecho una contradicción en la práctica, porque en ella se trata de una praxis por fuera del discurso de la ciencia pero que está incluida en una sociedad científica. Contradicción que genera vacilación en sus miembros respecto a su sentido.

No obstante el esfuerzo y la vocación de esta Sección, es la recuperación de las condiciones subjetivas con las que la historia y la inserción del sujeto en el campo del lenguaje y en el vínculo social, le hacen padecer del síntoma, como la expresión de lo real y de las paradojas del goce y el sentido.

Nuestra apuesta es multidisciplinaria y polivalente desde el punto de vista epistemológico. Creemos que las dificultades derivadas de los distintos códigos discursivos y epistémicos se pueden superar con la inteligencia tolerante ante la diversidad del pensamiento. Lo que no implica identidad teórica ni práctica.

A la vista de este análisis general y particular del psicoanálisis en la instituciones sociales, debemos plantear como sentido fundamental del trabajo de la Sección de psicoanálisis, que ésta sea:

  1. Un lugar de encuentro de discursos.
  2. Una plataforma de diálogo y tolerancia, de desarrollo de la teoría y práctica del psicoanálisis en sus diferentes corrientes epistémicos.
  3. Y especialmente un instancia de reflexión y profundización de la aplicación del psicoanálisis a las demandas depositadas en la red de recursos asistenciales públicos. Así como una palanca de movilización del discurso analítico para llevarlo a las distintas instancias donde se genere el pensamiento teórico y práctico que tratan de ordenar las leyes y la trama socio-política de la ciudad.

El compromiso de la Sección de Psicoanálisis de la AEN es fundamentalmente, promover la transformación de los Servicios públicos de Salud mental en lugares donde los analistas puedan establecer las condiciones de escucha de la palabra del sujeto que desvele la verdad de su deseo, de la castración y de sus formas privadas de satisfacción pulsional. Proponiendo al sujeto que dice sufrir, que descubra sus estrategias sintomáticas con las que metaforiza su relación a lo real subyacente.

El acto del analista en la institución tendrá como horizonte subvertir el discurso de la utilidad, de la reconstrucción de las potencias utilitarias y las servidumbres sociales y culturales, en un esfuerzo de decir la naturaleza de su deseo y de la pulsión. Promoviendo la ontopoiesis del sujeto.

Es decir subvertir el discurso del amo por aquel que se ocupa de lo inservible, de lo inútil, de aquello que se desliza como innombrable en los desfiladeros del significante, de la palabra, del discurso.

La misión del psicoanalista tanto en lo privado como en la Institución pública, es la de crear las condiciones y posibilidades para la génesis de un ser desprovisto de la esclavitud de las identificaciones e ideales mortificantes. Desvelando nuevas formas libres de relación del sujeto con la causa de su deseo y sus formas de gozar. Esto en el caso de las demandas de neuróticos.

El analista en la escena social ha de subvertir la respuesta que el sujeto y su medio de pertenencia esperan como liquidación del síntoma;  deconstruyendo la significación del síntoma para que el sujeto acceda a lo real que lo instituye tanto en la dimensión individual como colectiva.

El psicoanalisis llevará al sujeto desde la impotencia neurótica, a vislumbrar en la inconsistencia del discurso, la imposibilidad de su naturaleza sexuada y perecedera. Para que desde su experiencia de la "falta de ser" que implica su alienación significante, genere una alternativa de ser con un discurso de nueva creación. Promoviendo así mismo, las intervenciones de los analistas en los distintos frentes y eventos culturales de la sociedad actual, SS de salud mental, instituciones de enseñaza, organizaciones políticas, culturales y sociales. Es decir, en aquellos lugares donde se trata de reproducir la lógica del discurso del amo, incluyendo o aportando las claves críticas y esclarecedoras del discurso analítico.

Reivindicamos, entonces, para el psicoanálisis el lugar que le corresponde en la escena social: en estos tiempos de embotamiento de la conciencia ciudadana por las ofertas de goce y la intoxicación que la industria promueve con la superproducción de objetos de satisfacción inmediata de la pulsión o de la felicidad.

Restituyamos para el psicoanálisis el papel que Freud y tantos analistas propusieron para el abordaje del sufrimiento de la humanidad en sus distintos niveles y clases sociales. Tanto en la dimensión subjetiva de un dispositivo privado, como en la dimensión colectiva de los dispositivos públicos donde se fraguan las claves de la comprensión del síntoma individual y comunitario. Es decir, el crisol donde se funden y cristalizan los saberes políticos, filosóficos o científicos sobre la condición humana.

El psicoanálisis, el psicoanalista, habrán de estar allí donde el sujeto o los colectivos sociales le demanden, aunque sea tácitamente; cuando la razón no entiende la explicación sociopolítica o científica de los enigmas de la existencia que promueve el Amo globalizado.

Basta de alojarse solamente en las catacumbas del saber para dilucidar lo real del síntoma o enfrentarse al saber del inconsciente.

El psicoanálisis es un patrimonio de la humanidad y así ésta lo ha de entender, si los analistas consienten en ello y cumplen con su legado y compromiso ético de desvelar la verdad que esconde el deber y el sentido de los discursos sociales narcotizantes. Ésta sería la apuesta y el esfuerzo de trabajo de la Sección de psicoanálisis de la AEN en el futuro inmediato.

 

 


Sección de Psicoanálisis

Junta de la Sección de Psicoanálisis de la AEN 2009

Presidente: Enrique Rivas Padilla e.enriquerivas@telefonica.net

Secretario: Javier Frère López freher@cop.es

Comité organizador de las Jornadas:

Rosa Gómez Esteban rosagomezesteban@gmail.com
Eva Rivas Cambronero evamrivas@hotmail.com
Anonio Ceverino aceverino@hotmail.com