Naomi Klein en su ya famosa teoría del shock describe cómo las situaciones de shock o crisis sociales profundas son utilizadas para introducir reformas que a menudo destruyen los últimos baluartes de la convivencia. Y es que el miedo o la confusión son el caldo de cultivo perfecto para la manipulación de cualquier colectivo, como nos enseña la Psicología Social.

Se trataría de cuestionar si los cambios que estamos viviendo en el terreno asistencial y más concretamente en  el amplio campo de la salud mental, son sólo consecuencia de la necesidad   -¿necesidad?- de reducir costes (efectos de la crisis) o si responden a la emergencia de una  tendencia previa, indisimulada ahora, a realizar modificaciones sustantivas cuantitativas y cualitativas del modelo asistencial e incluso del modelo social de convivencia.

Es necesario realizar un análisis crítico del estado  actual de la salud mental en la sociedad y poner entre paréntesis la crisis como causa preferente o exclusiva de los movimientos que observamos en la asistencia.  Como dice J.L. Tizón, quizás sea hora de pensar en  la tercera o cuarta reforma psiquiátrica ante “ese aumento de la intolerancia en nuestras sociedades de consumo (que no de bienestar) (y) la progresiva unidimensionalización y uniformización del pensamiento psicopatológico y psiquiátrico”, seguramente por los puntos muertos a los que habíamos llegado en las reformas psiquiátricas anteriores. Una mirada somera revela el desarrollo de una asistencia casi en exclusiva centrada en el biologicismo y el “cientifismo”.

El modelo comunitario al que aspirábamos se va diluyendo a favor de un modelo jerárquico “hospitalocéntrico”, con una tendencia hacia la “insalutización” de la red de salud mental, en tanto nos hemos ido conformando con poco más que  la “critica al manicomio”, chivo emisario con el que conjuramos todos los males de nuestra asistencia. Para ese viaje no hacían falta alforjas.

Queremos compartir la tarea que consistiría no sólo en defender lo conseguido, sino también en este momento de crisis repensar todos esos puntos ciegos a los que una visión demasiado optimista y no suficientemente clara de lo que se dio en llamar la Reforma Psiquiátrica nos ha llevado. Solamente tomándonos como copartícipes de esas tendencias podemos empezar a pensar en cómo cambiarlas.

Seguramente estos cambios no son ajenos a los que percibimos en la sociedad en la que estamos insertos. Siguiendo el pensamiento de Klein, deberíamos estar atentos a evitar la  consolidación del individualismo, la desconfianza, el miedo, bajo riesgo  de modificación en los modos de percibir, sentir y pensar las relaciones entre los seres humanos con la eliminación de cualquier referente colectivo en el imaginario de las poblaciones.

JUNTA DIRECTIVA SASM-AEN. 

Artículo publicado en HERALDO DE ARAGÓN lunes, 25 de marzo 2013